#MePiroaAustralia: La historia de Juanfe

Era Agosto en Sevilla, 40 grados a la sombra, tenía más calor que spiderman en una sauna. Uno de los días más aburridos de mi vida, ni la última vez que fui a misa obligado me aburrí tanto. Eso sí, en todo aburrimiento, hay algo de reflexión. Había acabado la carrera y dos masters. La vida de estudiante es maravillosa, pero creo que ya se me habían acabado las excusas. No sabía ni a que dedicarme, ni cual era mi pasión, por no saber, no sabía ni si era lunes o martes. Todo empezaba a ser muy monótono y con pocas expectativas. Crisis, crisis y más crisis por todos lados, eso sí, a mí el plato de potaje nunca me falto en la mesa. Es entonces cuando uno piensa que debe pegar un cambio.

Siempre soñé con verme saliendo del paso en otro país, aprendiendo otra lengua y conociendo otras formas de pensar y de vivir. Es una posibilidad que se tiene de que te conozcan desde cero, de valer por lo que creas desde la nada. Con ilusión, ganas y fe en lo que vas a hacer, las posibilidades de fracaso, son mínimas. Aunque hubiera fracaso, sería un digno intento a llevar a cabo y sobretodo una buena lección. Mi destino soñado era claramente Australia. Soy una persona que ama el sol, que necesita el mar cerca y que pasa más tiempo en la calle que en casa. Por otro lado estaba el tema del inglés, me estaba enganchando a este idioma y necesitaba mejorar muchísimo. Mi mente empezaba a fantasear en cómo sería mi vida por allí, y en un arrebato de santa locura, me compré el billete. Subidón de adrenalina, euforia y sobretodo algo de yeyuno sabía muy bien si la había liado o no, pero la sonrisa de joker dibujada en mi cara me daba muy buenas sensaciones.
Desde ese mismo instante, mi vida cambió a mejor, estaba ilusionado con mi nuevo reto.
Como había cogido el billete con no mucho tiempo de antelación, me empecé a informar en temas de visados y de la vida allí. Sé que lo normal es hacerlo al revés, pero cada uno conoce de qué pie cojea, y a mí, siempre me gustó la presión.
Por circunstancias bastante casuales, un buen colega de la facultad al que no veía de hace años, se sumó a la aventura, y desde entonces tuve un agaporni en mi experiencia australiana, y por supuesto, la suerte de convertir a un colega, en uno de mis mejores amigos.
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Teníamos el mismo billete. Salíamos el 11 de septiembre, fecha no apta para supersticiosos. Creo que el billete me salió  más barato por eso. Si a ello le sumas, 32 horas de vuelo, tenemos la receta perfecta para evitar que te visiten. Supongo que el piloto se echaría una siestecita.
Una vez en el avión ya nos sentíamos reyes, y nos pedimos hasta un gin tonic, las azafatas iban vestidas rollo árabe elegante, y por sus caras, creo que no las cogieron por el currículum. Maravilloso vuelo las primeras 4 horas. No sé cómo me las apaño con los aires acondicionados, pero me entró fiebre, me puse malísimo. Me quedaban veinte pico horas de vuelo. Vi 8 películas os lo juro, y fui el mejor atendido por las azafatas, pero lo pase fatal. Fíjate si pasé horas malo en ese avión, que cuando llegue a Australia estaba curado, sano y salvo. ¡Ya todo podía salir bien!
La aduana fue algo espesa, me interrogaron y nos pasaron los perros por las maletas aunque todo salió bien, a pesar de que olíamos prácticamente igual o peor que dichos animales.
El momento que se abrió la puerta mecánica y entrabamos en Australia fue comparable a meter un gol en el último minuto para ganar la champions. Rebosábamos de nervios, ganas y alegría. Nos salíamos de la pelleja.
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Ya en ese mismo instante, un pájaro bastante extraño a la par que bonito nos daba la bienvenida e hicimos nuestra primera foto.
Nos dirigíamos a un backpacker, que es una especie de hostal con habitaciones, cocinas y terrazas compartidas, que habíamos reservado previamente. Es un lugar para mochileros, recién llegados, o inadaptados socialmente, ya que llevarte más de una semana en un sitio así y la muerte a pellizcos son parecidas. Hay gente que nunca sale de allí, tened cuidado.
Nuestra primera compra en el súper fue hamburguesas de Canguro, las cuales eran a un precio razonable, teniendo en cuenta que todo lo demás era peor que comprar productos gourmet en una gasolinera en España. Es curioso que ese fuera mi primer contacto con ese animal. Al igual que lo es, que muchas de las niñas que van a currar a Australia, se vayan de «Canguro» a cuidar niños, por lo menos es anecdótico digo yo.
Un día después, una vez que teníamos la tarjeta de móvil operativa, y habíamos gastado todas nuestras hamburguesas de canguro, nos fuimos de allí saltando, rumbo a Gold Coast.
Gold Coast era nuestro primer destino elegido, llegamos en tren y nos dirigimos hacia nuestro segundo backpacker. Después de estar dos noches allí y darnos cuenta que eso era como estar en Benidorm pero a lo surfero, decidimos hacer una excursión con unos amigos brasileños que conocimos. Queríamos conocer la verdadera Australia. Nos llevaron a pasar un día de barbacoa a Byron Bay, a unos 70 km de allí.
Hicimos una barbacoa mirando al mar, las aguas eran cristalinas, el tiempo era de ensueño, la gente estaba feliz y la vida iba lenta, muy lenta. Desde ese mismo instante, mi amigo Javi y yo nos miramos y dijimos: ¡Tito!¡Hay que intentar vivir aquí como sea!!! Fue un amor a primera vista… Se me ponen los bellos de punta al recordar todo esto, e incluso se me hace difícil escribir, es como hacer una regresión nostálgica de un sitio que añoras muchísimo.
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Vienen tantos recuerdos a mi mente que los meteré en la batidora y os lo contaré a modo de brainstroming.
Hay ballenas en la playa, y delfines, lagartos, pavos con colores de la bandera de Alemania, hay sapos del Betis por todos lados, barbies que montan en skate y ondulan su pelo invitándote a entrar en su videoclip, hay un tipo que baila bajo la lluvia sin miedo al qué dirán, gente de todos los sitios y culturas, hay aborígenes y mucho surfing, las playas son espectaculares por toda la bahía, la arena es tan fina que suena al pisarla, el faro de mi pueblo es la guinda del pastel, me siento vivo, realizado. Hay fiestas en casas, barbacoas a todas horas y música en directo en cada esquina. ¡¡No venden alcohol en el supermercado!!! Vivo en un chalet con un neozelandés que le das un martillo y te construye una piragua si hace falta, pero de momento estamos durmiendo en el suelo. En el suelo de una casa ranchera, preciosa, en medio de la selva. No tenemos trabajo ni apenas pasta pero tenemos muchísima ilusión por todo.
Saliendo de esta locura de ideas, tengo que decir que encontré trabajo a las dos semanas. Que no me enteraba de lo que me decían y me sentía como un mono, pero que al final, hasta a un mono se le coge cariño. Aprendí inglés, a todas horas. Chips, cheese, beetroot, gerkins, behind coming trought!!! Fregaba en una semana más platos de los que había fregado en mi vida, pero me pagaban parecido a Messi, sin exagerar. Cada hora trabajada era como: bien Juanfe coño, unas cuentas horas más y ya tienes la habitación pagada….
A veces creo que fue sueño. Sólo quiero transmitir a la gente, que la vida pasa como un río, y que hay que saltar al vacío sin miedo a la caída. ¡¡Si to tiene solución menos la muerte!! Luchen por ustedes mismos!! Siéntense vivos y denle la vuelta a mundo!! Onde Byron a pará!!!
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Juanfe explicará su experiencia por Australia en las Charlas #MePiroaAustralia de Sevilla organizadas por AUssieYouTOO.com. Ves a tomarte una cañita con él y a preguntarle tus dudas sobre Australia!
Y si quieres saber más, aquí puedes leer su entrevista.

1 comentario

  • patri says:

    Para allà que nos vamoooos!!!! Por tercera vez y espero que esta para largo! Me has puesto.los pelos de punta, sentí lo.mismo cuando fuí por primera vez! Hay.una energia brutal en ese pais….

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